Mi ruta

A cada paso adelantado en mi ruta hacia el frente
rasgaba mis espaldas el aleteo desesperado
de los troncos viejos.

-Yo misma fui mi ruta, Julia de Burgos

Transmitiendo ideas impuestas en/por la sociedad y sus propias definiciones de las cosas, las figuras adultas de mi niñez (padres, abuelos, maestros, personas de la iglesia) me enseñaron cosas que asumí como verdades absolutas e incuestionables…

…que se convirtieron en creencias limitantes en la adultez.

Se manifestaron a través de la crítica (hacia mí misma y hacia los demás), de los prejuicios y del estancamiento (más que nada mental y emocional).

Me ocasionaron sentimientos de inadecuacy y not enough-ness. Me convertí en una people pleaser desesperada por sentirme aceptada y validada, por encajar en un molde ilusorio impuesto por todos los que vinieron antes de mí.

Me olvidé de quien yo era en esencia. Me transformé en versiones de mí que ahora no reconocería.

Durante el camino viví experiencias traumáticas, desilusiones, incertidumbre, insatisfacción general en la vida, enfermedades inexistentes, deseos de morir…

Toqué fondo y deseé ver un cambio. Pero sabía que solo yo era responsable de eso. No tenía ánimos pero me hacía ilusión tener una vida diferente.

Me hacía ilusión conocer y tener control de mis emociones. No quería que mis formas de reaccionar a las situaciones inesperadas y a las interacciones incómodas con otras personas siguieran afectando mi vida.

Mi primer paso fue ir a terapia y comencé a tomar medicamentos para la ansiedad y la depresión.

Conocí experiencias de otras personas de mi vida y a través de Internet.

Leí artículos y libros de auto ayuda. Los Cuatro Acuerdos de Don Miguel Ruiz fue el primero y puedo decir que cambió mi manera de ver la vida y de ver a los demás.

Descubrí que existe infinidad de posibilidades. Comencé a desarrollar mis propias ideas y verdades. Creé mis propios acuerdos.

Por primera vez identifiqué y definí mis propios valores. No los de mis padres, no los de la iglesia, no los de la sociedad: LOS MÍOS.

Comencé a desechar todas las creencias limitantes y todas las ideas que ya no me servían. Y atesoré todas aquellas que sí me hacían ser y sentir mejor persona.

Poco a poco he ido despertando a mi propia realidad, a mi propio ser, a la niña interior que hace años abandoné.

En mi camino a sanar me he vuelto más consciente del presente, del ser, de mis emociones, de mi responsabilidad, de que nada que digan, piensen o hagan los demás representa mi verdad o tiene que ver conmigo.

Ya ninguna etiqueta, ningún “debo ser/hacer/decir”, me define.

Y por aquí voy… a veces tropiezo, a veces retrocedo, a veces quiero recoger todo lo que dejé ir (lo conocido siempre da una falsa ilusión de seguridad y comodidad)…

A veces guardo un poquito de miedo, un poquito de inseguridad, tu sabes, por si acaso… Pero siempre regreso a mi ruta.

Me falta mucho por recorrer.

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